“Yo le regalé esos tirantes de España en una fiesta de disfraces. Cómo iba a pensar que le matarían por llevarlos”

El hermano de Víctor Laínez recuerda el “crimen de los tirantes” de Zaragoza ahora que se repite el juicio contra Rodrigo Lanza.

Víctor Laínez/Foto: La Razón/Cedida por la familia

La vida de Víctor Laínez daba para un libro. Nació en Tarrasa (Barcelona) en agosto del 62 aunque la familia pronto se mudó a Zaragoza. En 55 años le dio tiempo a mudarse otras tantas veces de ciudad, estudiar interno en un colegio de curas, montar una empresa de reparaciones de hornos, formar a gente en el extranjero y ser de los primeros en pasear una Harley por Zaragoza. A casarse, tener dos hijos, separarse. A dejarlo todo para irse al Caribe y montar allí un hotel que no acabó de cuajar. A volver, empezar de cero y enamorarse de nuevo. Y, por su puesto, a tomar cañas con los amigos: para eso siempre sacaba hueco. Y en esas estaba la noche del 8 de diciembre de hace ya casi tres años, un viernes previo al puente de la Inmaculada, cuando se pasó por «El Tocadiscos» a saludar al dueño del garito, su amigo Ángel, al que ahora, curiosamente, visita su hermano Javier Laínez para que el hombre levante cabeza, aunque a él se le revuelvan las tripas al pisar el pub donde fue asesinado su hermano. Aquel día Víctor no pensaba alargar mucho la noche: un par de birras y a casa, que al día siguiente había quedado. Sin embargo, fue la última cerveza que tomó. Una brutal agresión en la puerta del bar le dejó en coma y murió a los pocos días en el Hospital Clínico de Zaragoza. «El Demonio», como le apodaban en el mundo motero donde se movía, dejó un vacío enorme no solo en su familia, sino entre sus amigos y conocidos del barrio de la Magdalena, donde era muy conocido.

A Victorino Laínez Muntané, el mayor de cuatro hermanos, le llamaban Víctor para diferenciarlo de su padre, que falleció hace apenas un mes. «Vio que condenaban solo a cinco años al asesino de su hijo y no puso soportarlo», explica a LA RAZÓN su hermano Javier, en referencia a la irrisoria condena que dictaron en noviembre para el acusado, Rodrigo Lanza.

El juicio se celebró en al Audiencia Provincial de Zaragoza y Lanza, chileno de 35 años y un conocido «antisistema» por dejar tetrapléjico a un policía de Barcelona, fue condenado por un jurado popular a cinco años de cárcel por el homicidio de Laínez. Pero el TSJ de Aragón ordenó repetir el juicio al considerar que las respuestas del jurado a las preguntas que eran objeto del veredicto no estaban bien argumentadas. Así, el pasado lunes comenzó el nuevo juicio, con algunos cambios, como el abogado de la acusación particular (el letrado Enrique Trebolle sustituye a Juan Carlos Macarrón) y un acusado con el mismo look de niño bueno (cambió las rastas y los piercing por el pantalón de pinzas) que ahora luce mascarilla azul de Adidas.

Las pruebas, eso sí, son las mismas. Parte fundamental del procedimiento son las periciales que demuestren el tipo de lesiones que tenía Laínez, cómo y cuándo fueron provocadas.

Victor Laínez fue de los primeros en pasear en Harley por Zaragoza/Foto: La Razón/Cedida por la familia

«Un patadón final»

En este punto, defensa y acusación tiran desde ambos lados de una cuerda. La defensa de Lanza sostiene que el joven se defendió tras ver una navaja, le golpeó y cayó al suelo (y ese golpe fue lo que le causó al muerte) mientras que la acusación asegura que fue un ataque premeditado. Lo avalan, además, los informes forenses. Según el director del Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA), el doctor José Manuel Arredondo, que fue quien realizó la autopsia a Laínez junto a la doctora María Aranzazu Ortubia, la causa de la muerte de Laínez no se produjo por un solo golpe sino por «múltiples fracturas craneales», que provocaron un daño en el cerebro. Y es que, según han declarado esta semana varios testigos, tras el golpe por el que cayó al suelo, Lanza habría seguido propinando golpes en la cabeza a la víctima para, como remate, darle «un patadón final». Acto seguido, según esta testifical, el agresor se puso la capucha de la sudadera y se fue. La defensa, no obstante, trata de acreditar que los problemas de corazón que sufría la víctima fueron los que le provocaron un «desvanecimiento» por el que cayó al suelo. Este debate médico forense es el que está centrando gran parte del juicio, ya que ahí está la clave entre el homicidio y el asesinato.

“No queremos fachas en el barrio”

Pero la discusión que provocó esta agresión había surgido previamente por los dichosos tirantes con la bandera de España. Al parecer, Lanza le recriminó el complemento: «No queremos fachas en el barrio», le dijo. Y Laínez, supuestamente, le habría contestado algo de «sudaca», lo que desencadenaría la discusión mortal. «Es imposible que mi hermano le dijera algo así porque él tenía amigos de todas las nacionalidades, condiciones sexuales y clases sociales. A él todo eso le daba igual, era amigo de todo el mundo pero le gustaba lo español: el flamenco, la bandera ¿Tiene eso algo de malo», reflexiona Javier, que recuerda que fue él quien le regaló los tirantes de la discordia. «Los saqué de una fiesta de disfraces y se los regalamos. Cómo íbamos a saber que provocaría todo esto». Javier dice que su hermano vestía mucho con tirantes «porque estaba muy gordo: medía 1,80 pero pesaría 120 kilos. No podía respirar bien y tenía problemas de corazón y de la espalda, andaba con su cayata… Por eso ya te digo yo que no estaba para meterse en ninguna pelea. Aparte que él no era conflictivo, al contrario», defiende Javier mientras recuerda los buenos momentos vividos con él. «Nos llevamos solo 22 meses y estábamos muy unidos. Recuerdo cuando estuvimos internos en el colegio de curas. Yo era algo más travieso, como iba con él y los más mayores tenía que hacerme notar. Recuerdo la primera vez que fuimos a la playa, la primera vez que subimos el Moncayo… Hemos hecho muchas cosas juntos. Él era todavía muy joven para morir y menos de esta forma». Javier insiste en que no quieren venganza contra Lanza. «En el juicio él ni me mira a la cara. Me da igual. No tengo odio. Solo quiero que pague por lo que pasó. Solo queremos que se haga Justicia, nada más. Pero que se haga justicia».

Tirantes a 15 euros

Para ayudar a la familia en el procedimiento abrieron una web: www.justiciaparavictor.com, donde hay varias cuentas y hasta venden por 15 euros tirantes con la bandera española, el supuesto desencadenante del crimen ahora convertido en símbolo.

El abogado de Ortega Cano

Enrique Trebolle es un conocido penalista zaragozano que ha llevado casos tan mediáticos como la acusación particular en el crimen de Fago, por el que asesinaron con al alcalde del pueblo de Huesca Miguel Grima o la defensa del torero y ex marido de Rocío Jurado, Ortega Cano. Está acostumbrado a la presión de la prensa y sabe que en esa ocasión tiene la difícil tarea de convencer al jurado de que la muerte de Laínez no fue ningún incidente sino un ataque por la espalda con un objeto contundente (el sillín de la bici o un puño americano), lo que permite introducir la agravante de alevosía. El jurado que juzgó el caso en noviembre de 2019 consideró que no se podía acreditar que Lanza golpeara con ningún objeto contundente. Trebolle tratará de explicarles por qué sí, apoyado de los informes forenses que avalan su tesis. «El jurado popular no está preparado para juzgar estos temas», opina el hermano de Laínez. Aunque esperan que esta vez se haga justicia.

Fuente: LA RAZÓN

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